Crónica de la Embestida al Capitolio de EE.UU.


¿Un hecho inevitable?

Alejandra Arredondo Voa Nes / Edición Oipol, 08 Enero 2021 06:53 AMDespués de una jornada que dejara una marca indeleble en la historia del país, los estadounidenses buscan darle sentido a los sucesos. Para algunos, la magnitud del asalto es desconcertante, mientras que para otros, era algo que se veía venir.
Por Alejandra Arredondo, 08 Enero 2021 06:53 AM

Washington- Desde su construcción en 1793, el Capitolio de Estados Unidos ha visto cientos de protestas, tiroteos dentro y fuera del edificio y incluso un incendio. Pero hasta el miércoles, no había sido asaltado por cientos de personas, algunas armadas, en medio de una sesión bicameral.

Después de una jornada que dejará una marca indeleble en la historia del país, los estadounidenses buscan darle sentido a los sucesos. Para algunos, la magnitud del asalto es desconcertante, mientras que para otros, era algo que se veía venir.

Pocos precedentes

El hito histórico más extremo se remonta a menos de 40 años después de la independencia, cuando en 1814 fuerzas británicas intentaron quemar y saquearon el edificio.

En la historia reciente, en 1954, cuatro nacionalistas puertorriqueños abrieron fuego en la Cámara de Representantes —dejando cinco heridos— y en 1983 un grupo comunista detonó una bomba en el Senado.

Para Ross Baker, historiador y profesor de Ciencia Política en la Universidad Rutgers, los más parecido a lo sucedido el miércoles lo que se conoce como la Ejército de Coxey. En 1894, medio millar de personas armadas marcharon hacia el Capitolio, angustiados por la depresión económica, pero su líder, Jacob Coxey y varios de sus seguidores fueron arrestados en las escaleras del edificio.

Respuesta “incomprensible” de la policía

Tanto líderes políticos como expertos se preguntan cómo fue posible que una multitud de personas, algunas de ellas armadas, lograr traspasar la seguridad de uno de los edificios más emblemáticos del gobierno estadounidenses.

Tanto la alcaldesa de Washington D.C., Muriel Bowser, como decenas de legisladores pidieron que se investigara la actuación de la fuerza especial que protege el Capitolio. En el ojo del escrutinio nacional, el jefe del cuerpo policial renunció en la tarde del miércoles.

“Estoy atónito”, dijo a la Voz de América Richard Dick Díaz, agente retirado de la policía de Miami y consultor de temas de seguridad. “Pudieron hacer en el Capitolio del país lo que no pueden hacer en una estación de policía [local]”, agregó.
“Era inevitable”

Sin embargo, para analistas políticos, la violencia y el caso del que fue testigo Washington D.C. no solo era inevitable, sino que se venía anunciando desde hace semanas.

“Era inevitable (…) el presidente se estaba volviendo cada vez más desesperado sobre la posibilidad de perder su trabajo y sus llamados se volvieron cada vez más radicales”, dijo Baker a la Voz de América.

El presidente Donald Trump inició y replicó las denuncias sin pruebas de un fraude electoral y promocionó, desde su cuenta de Twitter, las protestas de “Detengan el Robo” —un eslogan acuñado por él—programadas para el seis de enero. “Estaré allí, será salvaje”, escribió el 19 de diciembre.

En foros online y redes sociales —como la plataforma Parler, popular entre conservadores y la extrema derecha—los seguidores del presidente discutieron por semanas los planes de escalar a violencia, según una investigación agencia de noticias ProPublica.

Imagen del foro thedonald.win, usado por seguidores del presidente donde se planifico la marcha.

Algunos de los manifestantes, incluso, usaron prendas de ropa con la etiqueta “Guerra Civil. Junio 6 del 2020”.

“No solo fue para nada sorprendente, sino que también debería haber sido absolutamente esperado por alguien responsable de la seguridad de los miembros del Congreso”, dijo a la VOA Simon Clark, experto en terrorismo doméstico.

Horas después del asalto al Congreso, con los pasillos aún cubiertos de vidrios, papeles y muebles rotos, legisladores republicanos de ambos partidos —incluyendo el más importante senador republicano, Mitch McConell—rechazaron la idea de impugnar los resultados electorales y culparon al presidente por incitar al caos. 

“La gasolina estaba ahí, él simplemente encendió la mecha”, concordó Baker.

Historia de violencia, terrorismo

Baker, quien también estudia y busca combatir el discurso de odio en redes sociales, recuerda que EE.UU. tiene una larga y escabrosa historia de violencia política, que se remonta a la época de la esclavitud.

Los eventos del miércoles, argumenta, “sucedieron en un contexto de una tradición antidemocrática y violenta en EE.UU”. Al fin y al cabo, subraya Baker, en EE.UU. surgió “una de los movimientos terroristas más exitosos del planeta”, el Ku Klux Klan (KKK), “que logró evitar que los afroestadounidenses tuvieran un derecho [efectivo] al voto” por casi 100 años.

Aunque el derecho al voto para los afroestadounidenses fue pasado en 1870, no hubo un verdadero acceso a la democracia hasta la firma de la Ley de Derecho al Voto —en 1965— que prohibió el uso de pruebas de alfabetización y otras herramientas que excluían a la población negra de las elecciones.

Los linchamientos, incendios y persecución llevadas por el KKK en el sur del país obligaron a cientos de personas a huir al norte y disuadieron efectivamente a la población afroestadounidense de ejercer el derecho al voto. “En efectos prácticos, EE.UU. se convirtió en una democracia en 1965”, sentencia Baker.

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La gente se refugia en la galería de la Cámara mientras los manifestantes intentan irrumpir en la Cámara de la Cámara en el Capitolio de los Estados Unidos el miércoles 6 de enero de 2021 en Washington.

En primera persona: Caos en el Capitolio de Estados Unidos

Multitudes accedieron a la fuerza al Capitolio de Estados Unidos. Periodistas de la Voz de América se vieron confinados dentro del edificio.

Alejandra Arredondo Voa News, 06 Enero 2021 07:59 PM, Washington . – Desde primeras horas de la mañana del miércoles, grupos de manifestantes ondearon banderas estadounidenses y con el logotipo del presidente Donald Trump en las afueras del Capitolio. Su objetivo, pronunciar su descontento con la certificación de los votos electorales programada por el Congreso que confirmaría la victoria de Joe Biden en las pasadas elecciones presidenciales.

“Le pedimos a Dios que penetre el corazón y la mente del vicepresidente Mike Pence” rezaba un hombre con un megáfono desde una tarima; más de una veintena de personas, todas sin tapabocas, le escucharon con los ojos cerrados, cogidos de la mano.

El Congreso se iba a reunir para certificar los resultados de las elecciones y así sellar la victoria del demócrata Joe Biden. Un procedimiento protocolario que, en tiempos pasados, se ha llevado a cabo sin mayores inconvenientes.

El rechazo de parte del Partido Republicano y del presidente Trump a los resultados, clamando un fraude electoral del que no se conocen pruebas, iba a ser lo único fuera de lo normal este día.

Hasta que, poco después de dar las dos de la tarde, hordas de manifestantes -algunos portando armas de fuego, otros armados con gas pimienta- irrumpieron violentamente en el Capitolio, obligando a levantar la sesión y a evacuar a los legisladores y al vicepresidente.

Desde una sala de prensa, en el sótano del lado este del Capitolio, se escuchaban los gritos de los manifestantes.

“Entraron a la Cámara Alta… evacuaron a Pence… me dicen que dispararon a alguien”, la información de lo que estaba sucediendo detrás de las puertas de madera que nos separaban a mí y a otros cuatro periodistas del caos cortaba el aire de la sala, que se hacía cada vez más pesado con la tensión.

De un par de altavoces en las paredes se escucha un mensaje que apenas se puede entender: “Por (…) una amenaza de seguridad (…) nadie sale o entra del edificio (…) manténgase alejados de puertas y ventanas”, nos ordenó una voz. Estábamos confinados.

En los dos televisores, uno a cada extremo de la habitación, veíamos imágenes de miles de personas rodeando el emblemático Capitolio, sede del Poder Legislativo estadounidense, algunas trepándose por los muros, otras ondeando banderas de Trump desde las escaleras. También estaban dentro de la sala donde, hace algunas horas, estaban sentados los legisladores.

Algunos manifestantes se encaraman a las paredes del Capitolio durante los disturbios.

Dos agentes de policía abrieron las puertas y entraron al pasillo que daba a la sala de prensa, uno de ellos buscaba agua; le costaba respirar. Los manifestantes le habían rociado con gas pimienta.

“Deberían intentar irse de aquí”, nos dijo el compañero del agente agredido. “¿Pueden bloquear la puerta?”

Barajamos las opciones. La habitación estaba bastante recluida y había que atravesar varios pasillos -las entrañas del Congreso son un laberinto- para encontrarla. Decidimos quedarnos, poner algunas sillas en la puerta y esperar.

La prensa ha sido un constante blanco de ataques entres los seguidores del presidente Trump, durante los últimos cuatro años. Trabajando como reportera durante este último año, me han insultado varias veces por ser periodista, acusándome de ser parte de las “noticias falsas”, entre otras cosas. 

“¿Y si entran aquí?, ¿Qué pasará cuándo vean que somos periodistas?”, preguntó una de las cuatro reporteras que estaba en la sala. Estaban armados y no habían vacilado en herir a un agente de policía.

La tarde avanzó y las fuerzas del orden comenzaron a arrestar a algunas de las personas que estaban cerca de donde nos encontrábamos, es decir, en el interior del Congreso. Otro agente de policía vino para informarnos que podíamos movernos entre edificios, pero no salir.

Pasadas las siete de la tarde, los pasillos del Capitolio comenzaron a retomar la normalidad, tras un evento sin precedentes.

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